Cajón de Sastre

Seleccionado en la Bienal de Lodz: http://www.lodzprints.com/en/news
Grafica Material. 12 de febrero al 14 de marzo de 2016. Cataluña. España
El próximo día 27 de febrero de 2016 prestaremos la carpeta "Los Ojos del Rinoceronte" en Gräphic, encuentro de Editores Gráficos de Madrid que organiza el Taller del Prado. Están todos invitados.
Inauguración de la exposición individual Los Ojos del Rinoceronte en la Factoría de Papel en Madrid el 21 de enero de 2016
Apertura de la Colección de Arte Cubano Reynardus en la Selby Gallery el 6 de noviembre de 2015. Sarasota. Florida. Con esta obra participo en esta colección de arte cubano.
Asesoría técnica en la película "Goya en Burdeos" de Antonio Saura Luis Cabrera y Paco Raval como Goya. Asesoría técnica en la película "Goya en Burdeos" de Antonio Saura

OPINIONES:

OTRA VUELTA DE TUERCA AL GUIÑO VISUAL Y AL ACERTIJO.

Luis Cabrera elabora encadenamientos de signos, iconos y técnicas, practicando una arqueología cultural que abarca desde procedimientos artesanales milenarios hasta el montaje digital, recombinando fuentes iconográficas y estéticas heterogéneas. Su obra parte del popurrí desprejuiciado que fomenta la cultura global, extrayendo lecturas sugerentes de la mescolanza entre tradiciones populares locales y retazos de historia de arte moderno, entre Oriente y Occidente, entre el lenguaje de la publicidad, del cómic y de las estampas japonesas.

Pero su arte no es simple recorte e injerto a modo de divertimento sino que partiendo de un acervo interminable, este pintor y grabador cubano de espíritu militante fue reinyectando sentido cáustico a aquellos signos que con el tiempo se han vaciado de sí mismos, reduciéndose a significantes sin significado. Manos enguantadas como símbolo obrero, ídolos de Hollywood en peregrinaje por Santiago, el logo de Absolut como emblema de hazañas imperialistas, plagas de As de Copas y lluvia de dólares sobre granjas sureñas, duelistas vaqueros transformados en personajes de videojuegos… Efectos de pixelado conviven con la estética expresiva de los grabados xilográficos clásicos, linóleos e imagen digital, acrílicos y kiri-e, todo un universo plástico al servicio de múltiples niveles de lectura.

Experimentador incansable y amante del refinamiento que se obtiene con antiguos procedimientos manuales como el calado de papel o kiri-e (de origen chino), Cabrera traza puentes que transgreden culturas y épocas, al tiempo que renueva estos procesos milenarios que abarcan desde la estampación textil nipona tipo Katagami hasta los elaborados trabajos decorativos en papel que se extendieron por China y Corea. Cabrera recupera el kiri-e y lo reactualiza a nivel técnico (introduciendo el corte láser) y conceptual, al integrarlo a su cosmogonía particular donde los caballos de Troya se imbuyen de ricas connotaciones alegóricas.

Y es que los lobos con piel de cordero, los estrategas taimados (con un cubo de Rubik por cabeza o con una fortaleza laberíntica supliendo sus cerebros), abundan en la plástica de Cabrera. Pero su quehacer queda lejos de lo panfletario, pues es en la ambigüedad interpretativa donde reside su fuerza. En obras más recientes, en las que se distancia del posicionamiento político, lo criptográfico impregna objetos domésticos como cafeteras y trituradoras, otra vuelta de tuerca al guiño visual y al acertijo. En esa mezcla de ironía escéptica y mirada ingenua redescubre el encanto de su entorno inmediato, que radiografía sin cesar.

Anna Adell

20 julio 2013

Opiniones:
 
Antonio Manuel González Rodriguez
Universidad Complutense de Madrid
A lo largo de estos últimos años, en los que Luis Cabrera ha venido desarrollando su labor docente en España (Escuela de Grabado y Diseño Gráfico de la Fundación Casa de la Moneda, Madrid), su lenguaje artístico ha experimentado una sólida madurez estética y técnica. Ha demostrado, en este período, que los procedimientos de estampación tradicionales (linograbado o xilografía) y los digitales no tienen secretos para él. La frescura “ingenua” de los grabados en madera de los viejos maestros alemanes y la aparentemente aséptica impresión de las imágenes digitales, asumen en su obra una fuerza expresiva que va más allá de los préstamos icónicos o iconográficos de los que se sirve. Fiel a sus orígenes cubanos y a su posicionamiento ideológico, aquello que en principio podría dar la apariencia de un simple juego, sin trascendencia, adquiere unas connotaciones precisas de denuncia social en donde destila, con una aguda sutileza, su fino y cáustico sentido del humor. Algunas de sus series presentan un alto contenido político que, sin embargo, se alejan de cualquier vínculo partidista para profundizar en los grandes temas candentes del mundo y de su isla caribeña: la emigración clandestina, el bloqueo militar, los desastres de la guerra, etc. (Serie Náufragos: Balsero).
 Su obra, que parte de presupuestos estéticos derivados del Neo Pop de los años 80 y de la tradición de la Estampa Popular, se configura a través de un conjunto de elementos figurativos personales (el cowboy, el indio, el torero, el balsero, el soldado, los reyes de la baraja, el caballo, el toro, la oveja, etc.) extraídos, en su mayoría, de los clásicos recortables infantiles o de los cómics de acción. Lo interesante de sus composiciones es la relación que se establece entre dichos elementos, que a modo de curiosa lógica combinatoria, crean parejas insólitas, no exentas de humor, con las que da cuerpo a una curiosa “cosmología” invertida (Serie: El Mundo al revés). Sorprende la facilidad con la que Cabrera construye sus híbridos (o mejor dicho, sus mestizajes) mezclando, como muy acertadamente ha señalado José María Parreño, estilos, tiempos y planos conceptuales. El uso de los recortables nos recuerda, por otra parte, los característicos “papiers collés” (papeles pegados) de Picasso, Braque y Matisse, revelando, una vez más, las posibilidades compositivas de este recurso utilizado por los maestros de la vanguardia de la pasada centuria. El azar y la necesidad se dan cita aquí, en un incesante proceso de sustitución o superposición, que, como los “juegos” infantiles de los recortables de papel, generan infinitas combinaciones.
 Sin embargo, y a pesar del trasfondo dramático de muchas de sus imágenes (Verde negro, Trabajo, Trabajo negro-trabajo blanco) la obra de Luis Cabrera se presenta como un canto a la Naturaleza y a la Vida. Como una filosofía existencial, un modo “relajado” de mirar la realidad, que pretende, desde su condición de isleño y de cubano, instalarse en un horizonte en el que lo individual y específico devienen categoría universal. Su insularidad se convierte así en una metáfora del hombre contemporáneo, que se ve arrastrado inexorablemente a la triste experiencia de un mundo cada vez más globalizado.

Palabras para el catálogo de la exposición individual de obra gráfica realizada en el Centro Internacional de la Estampa Contemporánea en Betanzos (la Coruña) en diciembre de 2004.
Exposición colectiva Ediciones 05 - 06. Grabados: Luis Cabrera Textos: Carlos M. Trujillano Galería Zambucho. Madrid.

OPINIONES:


Alicia en el País de lo Cotidiano 

“Del otro lado de la puerta” es levantarse cada mañana y repetir los mismos gestos, a través de los diferentes objetos y aparatos que conforman nuestra cotidianeidad, convertiéndonos así en Alicias en el País de lo Cotidiano, mediante la búsqueda de un universo mágico y escondido en un mundo paralelo. Hasta él nos transporta Luis, mediante la reflexión sobre los diferentes planos de los aparatos electrodomésticos, admirando detenidamente su exterior (nevera cerrada), ahondando curiosamente en su interior (nevera abierta), ó yendo incluso más allá, analizando piezas y funciones que mediante un manual de instrucciones científico y mecánico nos conduce hasta la belleza de las líneas, colores y texturas de la modernidad que nos rodea y conquista nuestro ojo adaptado ya a un siglo XXI, en el que un microondas, una batidora o una lavadora son piezas comunes que no nos llevan a la sorpresa, mucho menos a la fascinación. Luis Cabrera rompe aquí esa mirada acomodada, mediante el impacto de imágenes sencillas, tanto que uno siente reconocer en ellas a su propia cafetera, esa que acaricia todas las mañanas, o a su lavadora, que tanto le fastidia tener que llenar y programar. Rompe además esa cadena de sensaciones asepticas, con elementos que llenan de vida el metal, el acero, lo blanco, lo gris, la línea negra e inequívocamente recta. El color de las frutas en la batidora, la mancha roja de tomate llena de pasión, los tickets con los puntos acumulados en el supermercado colgados en la puerta de la nevera, y esa fotografía en el parque de John Lennon en la Habana, llena de luz, de calor, de olores y de recuerdos, que Luis seguro mira cada día que saca algo para comer de la nevera como para no olvidar el punto de partida de un viaje que un día inició. Una explosión de los sentidos, todos activados en este lado de la puerta en el que ahora Cabrera nos ha puesto, y del que cuesta marcharse, porque es una invitación a la reflexión sobre uno mismo, a viajar en el difícil encuentro de nuestros propios sentimientos que se encuentran escondidos entre estos cuadros de aparente simplicidad, pero de extraño magnetismo, porque preguntarse sobre uno mismo es siempre, como la misma obra de Luis Cabrera, lo más complicado, como lo más sencillo. Es por tanto esta serie un auténtico autorretrato en el que el artista se muestra sin tapujos, de igual a igual con su espectador, en una dulce y extrema confesión a cerca de sus hábitos y preferencias, en un desnudo total que exterioriza todo aquello que conforma su más íntimo universo. ¿Será que Luis Cabrera ha querido hablar, al igual que otras grandes artistas como Frida Khalo, Emilie Dickinson o de su compatriota Dulce María Loynaz, por citar algunos ejemplos, de ese mundo inmediato y frecuente, y así, hablarnos de él mismo?. No por tratar “temas cotidianos” el tratamiento y su profundidad es menos interesante, enriquecedor y profundo, como demuestra aquí Cabrera que con la representación personalizada de los objetos que rodean al artista, trata de establecer un vinculo con el espectador para recordarle que sus propios artefactos domésticos son comunes a los de cualquier persona, y de esta manera compartir una cómplice rutina cotidiana. Del Otro Lado de la Puerta rinde homenaje a la Gráfica, a esa manera especial que tiene todo artista que se ha formado en el mundo de la imagen múltiple. Es un estudio lejos de la ironía típica en Luis Cabrera, tal vez sustituida ésta vez por la seriedad que requiere un balance de vida que bajo la sabia madurez nos invita a vivir de una manera más intensa.
Cristina Lobeto

Cubierta del disco del compositor Eduardo Morales-Caso ilustrada con el cuadro La Ola.
OPINIONES:
PRESENTACIÓN DE HOMBRES TRABAJANDO de Alfredo Pérez Alencart y Luis Cabrera
Alfredo Pérez Alencart, poeta y ensayista, peruano y español, nos ha hecho entrega de varios libros poéticos, son ya seis sus títulos desde ese inicial, La voluntad enhechizada (2001), de tan cervantina y tan salmantina evocación, hasta este último que presentamos hoy: Hombres trabajando (2007). Entre esos dos títulos han aparecido varios otros, como Madre selva (2002), un esencial homenaje a su tierra de origen, Posesión entre luciérnagas (2002), Ofrendas al tercer hijo de Amparo Bidón (2003) o el último que conozco, el realizado con la colaboración de Miguel Elías, Pájaros bajo la piel del alma (2006). Pero yo sé que Pérez Alencart, como todos los poetas, tiene otros varios títulos en cartera que, como riguroso hacedor, va revisando y encajando en otras posibilidades para ir delineando un proyecto poético que abarque todo su ambicioso espectro de persona preocupada por el entero acontecer humano.
Este libro de poemas que se nos entrega hoy creo que marca una esencial distancia, y también un complemento, con La voluntad enhechizada, pues si esa primera compilación era esencialmente celebratoria del ámbito de la ciudad de Salamanca, como gozoso sentidor y enhechizado caminante, este último libro responde a un aprendizaje, fruto de la vida y de la profesión desarrollada en esta ciudad, pues se centra en el ser humano como participante en el ámbito social mediante su función solidaria primera: el trabajo. Recordemos por otro lado que Alfredo es Profesor de Derecho del Trabajo de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Salamanca y que por tanto es un avezado conocedor de los entresijos laborales, de las satisfacciones del cumplimiento de las obligaciones diarias, pero también de los abusos y la explotación generada en las sociedades modernas.
El trabajo ha sido cantado y contado de manera más o menos interesada por los poetas, algunos nombres aparecen en los epígrafes que Pérez Alencart introduce en este libro, Miguel Hernández, Gastón Baquero, César Vallejo, pero también en versos de Neruda, de Antonio Machado, y si vamos todavía más lejos, entre otros numerosos ejemplos, podríamos citar a los modernistas como Darío y Lugones, o a los clásicos como Hesiodo y Virgilio, al que el autor homenajea en uno de sus poemas. Pero también me gustaría recordar otro título que se gesta en una época verdaderamente crucial de la historia española, El hombre y el trabajo de Arturo Serrano Plaja (1909-1978), un poeta republicano no demasiado citado pero que en 1938 publica este libro en Barcelona en las Ediciones Hora de España. Serrano Plaja había comenzado a publicar estos versos en 1935 en la revista de Neruda, Caballo verde para la poesía, en abierta pugna, como es bien sabido, con los seguidores de la línea de la poesía pura de Juan Ramón Jiménez y, al tomar la palabra y el tema doliente del hombre trabajador, los versos del poeta madrileño resuenan con el deseo de recuperar la dignidad humana que ha ido perdiéndose en la cruel y fraticida contienda. Cito unos pocos versos para realizar un merecido homenaje a un libro que en temática se aproxima al que hoy presentamos: Estos son los oficios. La voz de los trabajos es ésta. La ley de los vecinos y labores. El síntoma del pan. La salida del sol y del sudor cansado y el número del hambre y de los pueblos. Son oscuras materias las que ordenan. Son hachas, son laureles, son olmos derribados. Son nubes o mujeres con mantones de lana. Son parejas de bueyes las que mueven mi lengua y tiemblan en mi pulso lentamente.
Si Serrano Plaja nos dice paladinamente en el comienzo de su libro: “No creo en la posibilidad de un canto al trabajo, a la alegría del trabajo, como no creo, en la posibilidad de un canto al dolor. Al dolor no se le canta, se le sufre nada más”, pienso que Alfredo Pérez Alencart ha sentido la misma percepción, es el suyo un libro lleno de dolor pero también de emoción y de hondura, un libro que en sí mismo es también libro solidario, realizado a dos manos, pues es obra de espejeante colaboración gracias a las excelentes y ajustadísimas ilustraciones de Luis Cabrera. En los espejos nos miramos y nos reconocemos en lo positivo y en lo negativo de nuestra imagen interna y externa, y en este caso esa dualidad ejercida entre la palabra y el arte plástica sorprende con un nuevo ritmo, con nuevas imágenes que visualizan posibilidades varias. Si el trabajo es siempre, o casi siempre, un ejercicio de equipo, esta colaboración rinde un fruto especial en estas páginas convirtiendo su decir en mensaje estético mediante la potencia de la línea y del color.
Es así como ya desde los epígrafes iniciales se alude al salario justo, al reparto de la riqueza, al jornal ganado con sangre, como cuando se citan los versos de Miguel Hernández. Se advierte desde el principio que es este un libro religioso, pues alguna de sus citas así lo precisa, pero me gustaría señalar el sentido de la raíz latina de la palabra, que viene de religo, que significa “atar con fuerza”, es decir, enlazarse o encadenarse, bien sea con la divinidad, con los otros, con el mundo, porque ese es el significado del término religión, relacionarse con alguien o relacionarnos unos con otros en el sentido solidario que se produce cuando se trabaja en equipo, o como cuando el hombre se esfuerza solidariamente con otros hombres en su realización social y personal. Creo que como ninguna otra esa idea aparece en el texto y en las imágenes de este libro, en los versos y en los simbólicos guantes, cuyos pulgares se pliegan con frecuencia, pero que siempre remiten al contenido de las manos, el símbolo más explícito del trabajo humano. En ese sentido la colaboración del poeta y del pintor, que visualiza la idea y la emblematiza, ha sido verdaderamente ejemplar en un viaje de ida y vuelta, pues quien trabaja con la palabra adopta un lenguaje abierto que extiende la mano al dolor de los otros, consciente de discernir entre la beligerancia y el abrazo, como gestos ambos necesarios para quienes luchan por la dignificación del trabajo. Esta es la razón por la que el poeta se define contra la poesía pura, --como lo hizo Serrano Plaja-- cuando nos aclara en la “Guía innecesaria para husmear lo evidente”: “No pretendo ser poeta puro, si ello implica esquivar el drama de los otros”, y porque “cualquier asunto que atañe al hombre es materia prima para la poesía”, para luego también plantearnos el proceso de elaboración del libro en el que se corrobora el espejeo o el abrazo entre la imagen y la palabra. Claro que para tratar un tema como éste eran necesarias más confidencias, una presentación en firme de sus convicciones, muy explícitas al manifestarse como poeta “peruano-español, profesor-sentidor, socialista y cristiano”. Es así, y sobre estas premisas, cómo arranca la primera parte del libro, “Labor cumplida”, que en realidad fue la última escrita, y que según propia aclaración nació de la íntima necesidad de sus percepciones como profesor de la materia en Facultad de Ciencias Sociales. El trazo se hace vigoroso: “Entonces el centro de la vida/ era el trabajo de la tierra, / con su dureza de plomo”, en cambio hoy la vida se deshumaniza en este estado del bienestar, en el que se debe vivir entre “socavones esclavizantes” para lo que el poeta llama a la necesaria solidaridad: “Cada quien con su faena / y con los labios / abiertos, para que nadie/ devore/ a /nadie. Ello se corresponde con guantes y casas, manos y palmas que son como laberintos internos, como índices que se yerguen como chimeneas de edificios que incluso contienen marcas laberínticas y de otras manos, o enrejados adosados como poderosos ladrillos. Luego la poesía se eleva en himno a fuerza de paralelismos como en el poema “Trabajadores”: “Somos hombres con las manos gastadas / de tanto levantar el mundo”, lo que corresponde a quebrados guantes con el pulgar abatido de solidario y protector aprisionamiento. Los temas siguen desgranándose y el accidente obrero da paso a muchos otros, al tema de la igualdad salarial de hombre y mujer, a la búsqueda de empleo, al retorno del emigrante, al despido a los cincuenta, o a la ternura del poema dedicado a “El camarero italiano”. Pero también a la “Oración del inmigrante” lo que extiende la posibilidad icónica de agrupar en la palma de la mano a las zonas del mundo que reciben y envían inmigrantes.
Un poco diversos son los poemas más condensados de la segunda parte, titulada como el libro, “Hombres trabajando”, es entonces cuando también observamos el acto de fe del artista plástico Luis Cabrera que manifiesta: “Creo en el trabajo y en su valor creador”, por lo que tienen perfecto sentido versos como “El corazón es un guante / donde florece la ternura”. Es esta parte un itinerario lírico en el que la dureza de la vida se combina con la necesidad de escapar de lo precario, de producir líneas e imágenes de esperanza, como cuando dice en “Currículo”: “Para ocuparnos / de lo urgente / dejamos de lado / lo verdadero”. En definitiva estamos ante una historia que es la de todo ser humano, desde su nacimiento a su vida adulta, ideas todas expresadas en unos versos que ya sienten el cambio que nos afecta: que vivimos en una sociedad multicultural con sus diversas facetas, proceso que nadie como un poeta que sufrió el desarraigo aceptado de su tierra, y que transita por los medios del Derecho Laboral, puede traducir mejor en un libro poético.
Carmen Ruiz Barrionuevo Salamanca, 29 de junio de 2007
Lanzamiento del libro "Hombres Trabajando" con poemas de Alfredo Pérez Alencart e ilustraciones de Luis Cabrera. Salamanca, 29 de junio de 2007.

Opiniones:

 

Sobre la obra de Luis Cabrera Hernández.

 

Fueron diferentes las razones que hicieron que nos fijáramos en las obras de Luis Cabrera hace ya algunos años. Por una parte, el virtuosismo en el uso de la xilografía, una técnica directa de trabajo sobre la plancha que el artista debe controlar en todo momento para garantizar la limpieza y pureza de sus formas. Mientras que es el ácido el que araña y ataca la plancha en los procesos calcográficos guiado por la mano del artista, los bloques de madera o linóleo son tratados directamente por las herramientas del grabador. Y Luis Cabrera ha sabido controlar la técnica con un trabajo controlado y paciente, que en los últimos años traslada a la impresión digital.

Más allá de sus cualidades técnicas, siempre nos interesó su uso del color y de las formas para trasmitir el mensaje de fondo. Los colores planos y de fuertes contrastes nos remiten al pop o al neopop de inspiración en los mass media, que se une a la recuperación de la imaginaría naif. El papel sirve de plató de acciones puntuales, cuyos personajes ocupan prácticamente la totalidad del espacio creando escenas. Siguiendo la tradición del humor gráfico más puro, las formas tienden a la simpleza, rompiendo las reglas de las proporciones o la perspectiva. Los contornos redondeados y limitados en negro, y el sombreado de los elementos por medio de líneas paralelas en lugar de gradaciones de color, nos recuerdan los dibujos infantiles de los tebeos antiguos.

Frente a la ingenuidad del tratamiento, lo que nos sedujo especialmente fue el significado y la carga simbólica que acarreaban sus obras. Mientras que podíamos comparar sus composiciones con viñetas del comic clásico, su significado debía enlazarse con la corriente más transgresora de la corriente pop americana. Con un subtitulo bajo la imagen, que la explica o complementa al más puro estilo goyesco, Luis Cabrera ha trabajado siempre en temas de crítica social desde una posición irónica. A través del humor negro, ha sabido cargar el mensaje de forma directa y sincera. La guerra, el abuso de poder o la precariedad laboral son algunos de los temas habitualmente tratados en sus obras, buscando la denuncia de los límites de la ética humana.

 

Ahora la Fundación CIEC acoge las últimas producciones de este artista cubano con una selección que comprende el desarrollo constructivo de los últimos años. De la serie “El Mundo al revés”, podemos ver por ejemplo Lo que pesas compañero, donde la figura del indio sioux ha cambiado su rol con el del caballo, que ahora cabalga sobre su espalda. Un recurso muy utilizado en esta serie es la utilización de peanas bajo los personajes, como si se trataran de monigotes recortables de cartulina. De nuevo se aprecia el uso de fórmulas sociales tradicionales.

Siguiendo la misma línea de la serie “El Mundo al revés” nos encontramos con otro conjunto de obras de conciencia social sobre el derrocamiento de los ídolos arrastrados por el poder. En El cambiacasaca o Noche de ronda, el noble o el rico representado a la “antigua usanza”esperan en lo alto de un podio hasta su caída fatal.

Otros recursos visuales utilizado por Luis Cabrera son la imagen de los “manuales de uso” por un lado y la estampa de un guante por otra. En El muro, son los guantes rojos de los trabajadores los que se apilan como ladrillos para conformar la pared. La lucha por el trabajo queda reflejada en Las líneas del destino, marcadas en el guante como rutas de emigración entre los cinco continentes. Por último, la serie “Náufragos” aglutina las características vistas hasta ahora: la imagen neopop con las figuras “recortables”, la contemporaneidad de temas históricos (en este caso puede relacionarse con los desastres o los horrores de la guerra y la actual situación de los balseros emigrantes) y la profunda ironía fría que culmina con La danza de la muerte.

 

Ha pasado tiempo desde que tuvimos la oportunidad de conocernos, cuando participara en uno de los proyectos de nuestra galería-taller y posteriormente recibiera la Mención de Honor del II Premio de Grabado Fundación Deutche Stiftung. Hasta hoy dura nuestra admiración y nuestra amistad.

 

Brita Prinz

Opiniones:

 

LAS ILUSIONES ENCONTRADAS DE LUIS CABRERA

 

Por Raimundo Respall

 

 

A medio camino entre el acá y el allá, sentado sobre el potro de la nostalgia, Luis Cabrera hace de su obra plástica, una sarcástica crónica de nuestro tiempo. Todas sus imágenes parecen, sólo parecen, una celebración inocente; pero recordemos que pocas melodías suelen estremecernos más, que “La Oda a la Alegría”. Sus personajes, como salidos de un loco espectáculo circense, resultan convidados enmascarados, disfraces de la desazón y la agonía, recordándonos que nada hay más recurrente en la Historia de la Humanidad, que un buen disfraz.

 

La complejidad en sus dibujos y grabados radica precisamente en la manera sencilla en que reconstruye con ellos los pecados y goces del ser, las ilusiones encontradas y los sueños perdidos. Tras esas situaciones insólitas que, de alguna manera, nos invocan una lejana pasión por aquellas historietas que tenían por héroes a Popeye y al Llanero Solitario, el artista reviste de caricatura los eternos conflictos de la existencia humana. Su propuesta es, en esencia, ver lo que está oculto, saltar del escenario para ver detrás de las bambalinas.

 

Quimérica lección ésta, de intentar trocar el sentido universal de las máscaras. Sabemos que el Hombre antes de usar la rueda, cuando apenas comenzó a erguirse, recurrió a las máscaras para ocultar sus verdaderos propósitos o alcanzar sus fines. En los primeros tiempos, tras una careta, el Hombre se sintió Dios, protegido de la indómita Naturaleza, poderoso en la guerra y en la caza, dueño de la danza y de la adivinación. Así descubrió que también eran útiles para ocultar sus defectos y sobrevivir.

 

El Teatro, el gran simulador de las artes, tal vez por eso dicen que nació con el Hombre, fue un excepcional hacedor de máscaras e ilusiones. Hoy, superado por la Televisión y el Cine, es sólo un referente para los estudiosos del disfraz, por eso Luis Cabrera ha tenido que recrear su propio teatro, teniéndose él mismo como director, productor y protagonista de un universo pletórico de alegorías e insinuaciones, donde al revés de lo que acontece en el Mundo, las máscaras develan los verdaderos rostros.

 

Desde su apartamento habanero en Madrid, Luis Cabrera recurre a lo real maravilloso americano, no sólo porque está en sus raíces, sino para aprovechar un auténtico recurso de revelar a través de circunstancias insólitas los contrapuntos cotidianos: el domador domado, el traidor castigado por fidelidad, la sonrisa transida por la nostalgia, el dolor de la conquista. Toda caricatura, lo sabemos, no es más que sacar a flote lo oculto, un desdibujar la apariencia, al estilo del retrato de Dorian Gray o del Espejo de Alicia.

 

Sin querer filosofar, Luis Cabrera resulta proverbial, su obra parece decirnos: “el hábito no hace al Monje”, a la vez que nos advierte: “el perro tiene cuatro patas y coge sólo un camino”.  En este sentido, el artista renuncia a sus propias visiones, pues reniega de la mascarada, de la investidura simpática de sus personajes.  Sin embargo, es honesto consigo mismo, porque su retórica no es la de la comicidad, sino la de la sátira. La ironía es su paleta y la risa la máscara.

 

Puesto ante una exposición de Luis Cabrera, la incógnita a despejar es dilucidar donde comienza el hilo de una historia contada a través de personajes y escenas absurdas, disparatadas, dueñas de un Universo inverso. La clave estaría entonces, supuestamente, en ordenar el caos, pero así perderíamos el rumbo, porque de lo que se trata precisamente es de entender el Mundo al revés. Entremos sin prejuicio a este desfile, a esta suerte de Oda a la alegría, y dejemos nuestras máscaras en la butaca del espectador.

 

Raimundo Respall

 Director del Taller de Gráfica de la Habana

La Habana, 6 de Noviembre 2004.

Se inauguró el 4 de enero de 2008 en la Galería Villa Manuela, en La Habana, la exposición conjunta de Luis Cabrera y Ángel Ramírez.

Se inauguró el 4 de enero de 2008 en la Galería Villa Manuela, en La Habana, la exposición conjunta de Luis Cabrera y Ángel Ramírez.
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El Nadador
Cercanías de Ramírez y Cabrera
VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

No cabe una lectura fragmentada de la exposición PC a todo, que abre la temporada 2008 en la Galería Villa Manuela, de la UNEAC. Si no se tienen la mente y las pupilas abiertas a las posibilidades de diálogo entre pautas artísticas diametralmente opuestas, difícilmente podrá digerirse el encuentro entre las poéticas de Luis Cabrera y Ángel Ramírez.
Se ha dicho que a ambos artistas los unen la convivencia en la etapa formativa y la amistad a lo largo del tiempo. Pero eso no basta para explicar la cercanía. Como tampoco el hecho de que compartan territorio en la disciplina del grabado.
La clave está en la falta de prejuicio para articular estéticas diversas en un espacio de préstamos y aprendizajes. La iconografía de Ramírez, que recrea y subvierte el legado renacentista y prebarroco europeo, dinamita en este caso sus límites expresivos para absorber el grafismo directo que nutre la impronta visual de Cabrera.
Ese proceso se hace visible progresivamente ante los ojos del espectador, pues la galería alberga tanto obras realizadas individualmente como otras realizadas de conjunto. Contribuye, asimismo, a la integración de los lenguajes la incorporación de texturas matéricas y objetos reciclados, la cual, de una parte, establece una zona de común entendimiento, mientras por otra pone a distancia el compromiso con las nuevas tecnologías aplicadas a la realización artística.
Para Ángel Ramírez (La Habana, 1954) y Luis Cabrera (La Habana, 1956), esta exposición significa un reto plenamente cumplido, gracias también, en gran medida, al impulso creativo con que la directora de la galería Lesbia Vent Dumois ha sabido encauzar rutas sorprendentes en el principal espacio de que dispone la UNEAC.
Otra vez juntos, PC a todo: Ángel Ramírez y Luis Cabrera
Por Noely López
Nuevamente se reúnen para exponer Ángel Ramírez y Luis Cabrera, ahora desde las salas de la Galería de Arte Villa Manuela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
PC a todo se denomina la particular muestra con títulos de ambos creadores cubanos que se inauguró este viernes 4 de enero en La Habana.
Por tercera ocasión unen sus talentos y esfuerzos en una exhibición conjunta. Primero fue en la graduación del Instituto Superior de Arte, en 1982. En la presente oportunidad con cuatro obras a cuatro manos y dos estéticas personales.
Mi obra parte, sólo formalmente, de la iconografía cristiana del medioevo, declaró Ángel Ramírez, quien le interesa apropiarse de las imágenes para crear metáforas. Lo manipulo todo, apuntó, hasta las marcas hechas por el tiempo. Gran fuerza y simbolismo expresa con alusión además al contexto cubano. 
Mientras, Luis Cabrera esgrime el humor, como Ramírez; mas, desde lo sutil. Las piezas de Ramírez llevan consigo la ironía.
Los trabajos de Cabrera, de estética pop, son deudores del mundo del diseño gráfico y en ellos se aprecian por momentos, influencias surrealistas.
El reconocido grabador y pintor cubano, reside en Madrid, ha ilustrado para diversas publicaciones en España. En la actualidad, es profesor de la Escuela de Grabado y Diseño Gráfico en la Real Casa de la Moneda.
La propuesta específica de Luis Cabrera para la exposición en Villa Manuela es una serie digital de diez piezas. Ángel Ramírez nos invita a disfrutar de cuatro obras, trabajadas en diferentes soportes.
Según Lesbia vent Dumois, destacada artista, curadora y directora de la institución de la UNEAC, lo más valedero de esta experiencia es que tanto las obras individuales, como las realizadas en conjunto mantienen la característica personal de ambos autores.
PC a todo, en referencia a las computadoras, estará abierta de lunes a viernes, a partir de las 10:00 y hasta las 17:00 horas, durante el mes de enero.
El pasado 31 de marzo de 2009 se dieron a conocer en la Casa de América de Madrid a los 100 latinos más destacados del 2008 entre los que he sido seleccionado

El 9 de julio de 2009 se inauguró una muestra de gráfica contemporánea en el museo de Huelva

Detrás de la Puerta. Obra Reciente. Brita Prinz Arte. Madrid. Septiembre 2010

Con el profesor Antonio González de la Universidad Complutense de Madrid
Con Carmelo Rubio y Juan Lara
Con Pepe Herrera
Vista de la galería

Con Pepe Herrera el día de la inauguración de mi exposición.

ICONDATA 2012 es uno de los mayores bancos de imágenes gráficas del mundo patrocinado por la Trienal de grabado de Cracovia en Polonia. Este año he sido invitado a formar parte del mismo. No dejen de visitar esta página.


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